Ante el peso ecológico de las pilas, la industria cree en el reciclaje

Se supone que la transición a la movilidad eléctrica contribuirá a lograr el objetivo de una economía libre de carbono en 2050. Las baterías aún deben limitar sus propias emisiones de gases de efecto invernadero tanto como sea posible. En un estudio publicado en 2017, la Fondation pour la nature et l’homme, de Nicolas Hulot, señaló que la mayoría de estos están vinculados “a la energía consumida para extraer, depurar y transformar los recursos minerales utilizados en la producción de ánodos y cátodos”.

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A día de hoy, en base a datos de la Agencia de Transición Ecológica, la profesión considera que la fabricación de pilas emite en torno a 100 kg de CO2 por kilovatio hora (kWh). Para un sedán clásico, la capacidad de la batería es de alrededor de 50 kWh a 60 kWh, el equilibrio se establece así en 5 toneladas o 6 toneladas de CO2. Además de las materias primas, los hornos de las fábricas de baterías son los que consumen más energía. El balance, por tanto, dependerá de la forma en que se produzca la electricidad para las personas abastecidas.

Todos los operadores que actualmente construyen gigafábricas han optimizado sus techos de paneles solares. Y todos ellos apuestan por el reciclaje. “En Dunkerque [Nord]utilizamos el calor de la red de agua caliente de una acería cercana y, al integrar materiales reciclados en nuestra fabricación, podemos reducir las emisiones en un 70%, o alrededor de 2 toneladas de carbono por batería”dice Gilles Moreau, cofundador de la start-up Verkor.

Por su parte, el grupo ACC destaca la complejidad de estimar la huella de carbono de baterías, materiales de celdas y packs de diferentes países, utilizando diferentes procesos químicos. En cuanto a la electricidad requerida por su futura gigafábrica en Douvrin (Pas-de-Calais), “carga y descarga eléctrica durante el proceso de producción las baterías de fábrica podrían representar hasta un 15% del precio total de fabricación”, cree su secretario general, Matthieu Hubert. El tema es objeto de difíciles negociaciones con los proveedores de electricidad, en el contexto de las altas tarifas.

El reto de la segunda vida.

“Sabemos que más del 80% de la huella de carbono media de nuestras baterías está relacionada con los componentes, pero también con el transporte a las fábricas de los fabricantes de automóviles, con su uso por parte de los clientes y con su reciclaje”, dice un portavoz de la empresa Saft, que se especializa en la fabricación de acumuladores eléctricos. De ahí la necesidad de elegir cuidadosamente a sus socios.

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