Giuseppina, obligada a defenderse de las calumnias tras contar que hace 1.600 kilómetros al día para trabajar

Su historia conmovió a la opinión pública italiana y se viralizó en las redes sociales, pero tras la solidaridad inicial llegó la calumnia anónima, la difamación, el odio y la condena por los que se rigen en tribunal sin pruebas en internet. Giuseppina Giugliano (29 años) viaja diariamente desde Nápoles a Milán, haciendo casi 1.600 kilómetros entre ida y vuelta, porque el tren le sucia más barato que un alquiler en la capital lombarda.

It is subject to a vagón de alta velocidad a las 5:09 que, en cuatro horas y media, la lleva a Milan, donde trabaja como conserje en el Instituto Boccioni, con un contrato a tiempo indeterminado desde 2021. El mismo trayecto lo hace Giuseppina por la tarde en dirección contraria. A las 18:20 coge el tren con destino a Nápoles, donde llega a las 22:53

En una entrevista, publicada en el grupo de periódicos QN Quotidiano Nazionale, Giuseppina contó que su opción de vida casi “extrema”, podría parecer “una locura”, pero que no tuvo otra alternativa: “Traté de encontrar una casa que no costara demasiado, porque mi salario mensual es de 1.165 euros, pero una habitación cuesta 650 euro’. Estas son las cuentas que hizo Giuseppina: «Acumulando puntos con los viajes y comprando los billetes con mucha antelación, al final el tren me cuesta unos 400 euros al mes, mucho menos qu’una habitación compartida en Milán. Aquí se me habría gastado todo el sueldo entre alquiler, recibos de luz, comida… Al seguir viviendo en Nápoles con mis padres, ahorro algo».

Recorrido dramático informativo

Esta verdad que Giuseppina Giufliano surgió con datos y hechos fue considerado inverosímil por muchos. La directora de Quotidiano Nationale, Agnese Pini, prestigiosa periodista, ha salido al paso de la campaña de calumnias contre la joven conserje. «Esta que vivimos -explica Pini- es la época en que la calumnia anónima es más cierta que la verdad, en que la difamación se convierte en modelo periodístico, y en que las redes sociales han vuelto a utilizar el poder del tribunal público como armamento mortal para destruir a los demás. Con total arbitrariedad”.

Agnese Pini ha descrito el dramático recorrido informativo que ha tenido el caso de la conserje Giugliano. Antes de publicar la entrevista, Quotidiano Nationale (QN) confirmó todos los detalles de la historia con una profesora del Instituto Boccioni, Francesca Alparone, que hizo de puente, para hacer el reportaje con la conserje. Desde la primera llamada a Giuseppina, hasta la publicación de la información, el 18 de enero, pasaron dos meses, tiempo que permitió a QN comprobar datos. El reportaje se compañó con fotos de Giuseppina en el Instituto, en la parada del bus y luego el viaje a la Estación Central de Milan, con fotografías en el vagón del tren y un video en el que la joven explicó algunos datos y las motivaciones para su elección de una vida qu’a muchos puede parecer increíble o de «locura».

La entrevista tuvo una gran repercusión nacional. En las primeras horas, a Giuseppina la rodeó una ola de solidaridad y recibió ofertas de ayuda. En el mismo día de su publicación, un muro de cámaras de televisión y reporteros prácticamente bloqueó la tierra del Instituto Boccioni. “Me siento asediada, pero solo él contó mi historia”, dijo Giuseppina, que, asustada, tuvo que ser acompañada por sus compañeros y salir por la puerta trasera. En la misma noche, el caso estalló. Comienza a ponerse en duda la veracidad de la historia. Incluso se instrumentaliza políticamente: Para unos es un modelo de trabajador, porque prefiere ganarse la vida con su esfuerzo y sacrificio, frente a los que renuncian a trabajar y prefieren recibir la llamada «renta de ciudadanía», el subsidio público que defiende, sobre todo , el Movimiento 5 Estrellas, porque es su bandera electoral.

Así nació la calumnia y la difamación

A las veinticuatro horas de publicarse la entrevista, el jueves, Giuseppina Gigliano percibe el terreno de la calumnia. Alguien escribe un post en Facebook, donde asegura que ha escuchado, en una importante radio nacional, una entrevista con el director del Instituto Boccioni, según la cual Giuseppina solo había trabajado un par de días al inicio del curso escolar. Sin embargo, el director no había concedido ninguna entrevista. Sencillamente, el usuario de Facebook se había inventado un cuento. Pero su post se había relanzado miles de veces. Giuseppina estaba ya en la trituradora de los calumniadores de redes sociales. Se le dijo de todo. Fue acusada de que no había trabajado nunca. Mentirosa fue un insulto más suave.

La joven conserje volvió a demostrar con datos precisos el coste al mes, una media de 400 euros: “Use un carnet mensual, y acumulo puntos con los viajes que me permiten tener billetes gratis, además tengo el Carnet Jóvenes para los menores de 30 años «. “Cada uno es libre de elegir la mejor manera de organizar su vida -concluía Giuseppina-. Yo elegi la mía. asi me esta bien. Espero que esta situación no dure para siempre. Ahora soy joven y puedo soportar el esfuerzo, pero no será así al envejecer”.

La defensa

En defensa de Giuseppina salió el Instituto Boccioni. Los alumnos declararon a los medios: “Nadie debe metere con Giuseppina”. La alumna Marta Cupaioli defiende así: “Es la más dulce, siempre sonriente. ¡No falta al colegio!”. En una amplia entrevista, la profesora Francesca Alparone, del colegio Boccioni, declaró a ‘Il Giorno’ que el caso de la joven conserje no es único: «Hay muchas personas que se encuentran en la misma situación que Giuseppina, en mi instituto y en otras escuelas de Milan y en todo el norte de Italia. La mayor parte del personal auxiliar proviene principalmente de Sur, con los mismos problemas económicos que Giuseppina”.

El profesor Alparone explicó cómo han cambiado los tiempos: “Siempre sucedía que del Sur se dirigían al Norte a trabajar. Pero antes se mudaron con sus familias, porque un solo sueldo era suficiente para mantener a todos. Ahora ya no es así y los jóvenes que llegan a Milan no loggran salir adelante. Porque chocan con una economía y costos completamente diferentes a los que están acostumbrados en el Sur, donde la vida cuesta mucho, mucho menos». En defensa de Giuseppina se ha pronunciado también el sindicato escolar.

El secretario regional Uil Scuola Lombardía, Abele Parente, ha condenado las calumnias contra la conserje. «Creo que los ataques personales de los últimos días han desviado la atención del verdadero problema -subraya Parente-: el de los alquileres imposibles para salarios tan bajos. Con mil euros al mes, en Milan, es muy complicado vivir. Todas esas horas de viaje son inhumanas. Ya nos hemos movido para ayudarla, al menos hasta el final del año escolar”. Afirma Abele Parente que lo mismo está haciendo el sindicato escolar con otros casos en situaciones similares o parecidas al de Giuseppina.

Los alumnos y el colegio Boccioni por medio de la profesora Alparone han dado la cara, con numeros y apellidos. Pero elviento de la calumnia anónima y la difamación se convirtió en un tornado. Los periódicos digitales dedicaron artículos, presentados con la vitola de “fact-checking” (verificación del hecho). Pero su system es engañoso, porque, entre otras cosas, hicieron sus informaciones con declaraciones anónimas. Metieron de todo en la ensaladera con este estilo anónimo: hayrumes, fuera de la escuela se dice, se comenta que Giugliana no va a trabajar, tiene muchas ausencias en el colegio y paga pocos billetes…

El verdadero debate es el drama social

Así, con el se rumorea y se dice, el caso de Giuseppina se ha convertido colgante de días en el asunto principal de un debate público crudo y dévergonzado sober las supuestas mentiras y supuesto absentismo laboral de una simple conservación de un colegio milanés. “Se ignore por completo la única cosa sobre la que se debería haber debatido y reflexionado: Que un sueldo de 1.165 euros al día no es decente en un país que se dice civilizado”, confirmó el director del grupo de periódicos Quotidiano Nazionale.

Con la noticia confirmada y citando fuentes, ABC la publicó el viernes, explicando que el caso de Giuseppina no es una simple historia del esfuerzo y sacrificio de una joven para ganarse la vida. Tratado sobre un drama social. Pretendimos mostrar que la joven conserje representa una realidad amarga y más común de lo que podría pensarse en la sociedad italiana, con problemas de empleo, alquileres muy caros, particularmente en Milan, y bajos salarios inadecuados a menudo para afrontar el coste de la vida.

Ante el clamor que ha suscitado la noticia, la directora de Quotidiano Nazionale concluyó atacando al tribunal popular, al que no le sirven pruebas, porque solo quiere condenar: “Giuseppina Giugliano terminó en picota, sin apelación. Bienvenidos a Edad Media digital, más años más oscuros. Solo puedo esperar que podamos volver pronto a encender la luz. Y el cerebro”.