Ni las encuestas electorales, ni los probes a pie de urna, ni los análisis de los expertos pueden atisbar el descalabro de la ultraizquierda griega en las elecciones del pasado domingo. Tras la derrota, el líder de Syriza (Coalición de la Izquierda Radical), Alexis Tsipras, hizo su primera declaración a los medios en la que reconocía el gran fracaso en los comicios, pero no dimitió: “Acepto la responsabilidad, pero no abandono la batalla”, dijo visiblemente afectado.
Alexis Tsipras llegó al gobierno en 2015, en plena crisis financiera, cuando el país ya contaba tras su espalda con dos rescates financieros pero los números seguían sin cuadrar.
Con una ciudadanía completamente indignada y decepcionada con los políticos y las instituciones europeas, su discurso antieuropeísta y transgresor modificarse ganarse la confianza del electorado. El minoritario parcial, con tan solo un 4% de los votos, obtenido en pocos meses aumentar su electorado y conseguir formar gobierno de coalición con los ultranacionalistas de Griegos Independientes.
Su al poder supuso la ruptura del bipartidismo histórico griego por el que, durante décadas, los dos partidos qu’habían ido alternando en el poder eran los socialistas de Pasok y los conservadores de Nueva Democracia. Ambas formaciones con sus respectivos orígenes políticos: a la izquierda la familia Papandreu ya la derecha las familias Karamanlís y Mitsotakis.
Tsipras, joven ingeniero que había llegado a la política años antes como diputado por Synaspismós, convocó un referéndum para que los griegos pudieran decidir si aceptaban las condiciones impuestas por los acreedores internacionales en un tercer rescate que sus antecesores en el gobierno ya habían ap alabr . Aunque el ‘no’ ganó con gran mayoría, Tsipras, miedo de que el país adentrase en un deseable sendero si Grecia salía de la Unión Europea y del euro, no respeto la voluntad popular y sucumbió a la Troika. De forma inmediata perdió el apoyo de buena parte de sus diputados, que dimitieron en grupo y se pusieron manos a la obra con la creación de nuevos partidos de izquierdas.
Este fue el caso de Yanis Varufakis, el mediático economista griego que durante meses había sido el azote de Europa. Varufakis fundó el partido MeRA25 en 2018, y en las elecciones de julio de 2019 formaron grupo parlamentario con 9 escaños.
La actitud despótica con sus diputados y miembros de partido fue, supuestamente, la que cause la dimisión de tres de sus diputadas en los últimos meses. La primera en abandonar fue Constantina Adamu, que acusó a la formación de discriminación durante los meses de embarazo y baja materna; después llegó el turno de Anguelikí Adamopulu, qu’alegó como causa de su salida “el nepotismo y autoritarismo” de Varufakis; la última en salir, el pasado otoño, fue Fotiní Bakadima, mano derecha del líder radical.
ABC estuvo en el cierre de campaña de MeRA25 el pasado miércoles. Ante un escaso público, mayoritariamente juvenil, Varufakis afirmó que conseguirían mejores resultados que los augurados por las encuestas e hizo hincapié en que de ninguna manera apoyaría a Syriza en un gobierno de coalición. No obstante, el domingo no se obtendrá el 3% de los votos necesarios para conseguir formar un grupo parlamentario. Sus declaraciones tras la derrota fueron en su línea, sin autocrítica y con un apocalíptico de lo que le espera a Grecia en los próximos meses.
Durante el debate electoral, Varufakis estuvo poco hablador para lo que acostumbra. Explica que ninguna de las partes considera que la entrada al euro es un error, es consciente del costo que se ensuciaría y explica que la plataforma Dímitra de pagos digitales sin comisiones y que, según su punto de vista, es el futuro para los países del sur europeo.
Su discurso antieuropeísta y antieuro triunfó entre el electorado griego. Los años de crisis económica habían generado entre la ciudadanía un desprecio hacia las instituciones europeas y los partidos tradicionales griegos. Un descontento generalizado que fue reconocido por los líderes de Syriza que, en poco tiempo, pasaron por un 4% del apoyo electoral a formar un gobierno de coalición.
Una de las grandees sorpresas de las recientes elecciones fue el ascenso del partido Travesía a la libertad, financiada por el expresidente del Parlamento griego durante la legislatura de Alexis Tsipras, Zoi Constantopulu, que ha pasado de un 1.47% a rozar el 3% de votos necesarios para entrar en el Parlamento. En la repetición de las elecciones es posible que su partido logre la mínima necesaria y que pueda formar grupo parlamentario.
Es difícil predecir la cosecha de estas formaciones en los segundos comicios, pero sin duda los resultados de este domingo, en una cita donde han logrado casi medio millón de jóvenes que votaron por primera vez, es una auténtica derrota para la izquierda radical griega y un anuncio para navegantes.
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