«Se carga a una familia entera»

Creadorel hombre juzgado en la Audiencia de Barcelona por el asesinato y desaparicion de janet jumillasha permanecido este lunes inmóvil en el banquillo de acusados, cabizbajo y con las manos juntas sobre sus muslos, mientras ha durado la sucesión de familiares y amigos de esta vecina de 39 años de Viladecans (Baix Llobregat). Así, Aitor ha tenido que oír que, si fue él quien la mató, no solo quitó la vida a una persona: «Se carga a una familia entera«y, por encima de todo, dejó sin madre a un niño de 8 años ya una niña de 4 años. Aitor, que lleva tres años y medio en prisión preventiva, no ha levantado la mirada de sus manos.

Janet desapareció en Cornellà (Baix Llobregat) el 13 de marzo de 2019 y Aitor fue detenido por matarla y destruir su cuerpo el 7 de mayo de ese mismo año, casi dos meses más tarde. El cadáver de la mujer fue hallado dos semanas después, el 22 de mayo, semienterrado en un solar de prat de llobregat. La familia estuvo semanas angustiada sin saber dónde estaba Janet, porque sabía que no abandonaría a sus hijos sin un buen motivo.

la vida de janet

«¿Crees que hubiera dejado a mi hija con Janet si no fuera una buena persona?». Así responde Jésica al salir de su declaración este lunes por la mañana cuando se le pregunta cómo era su amiga Janet. La describe como alguien incapaz de no prestar ayuda si alguien la pedía y también como una mujer que vivía compromiso con el deber de cuidar de los suyos: de sus dos hijos, de un hermano enfermo y de su madre, diabética y con la movilidad reducida.

La familia Jumillas llegó a Viladecans procedente del municipio Torreperogilubicado cerca de Jaén, desde hace más de 50 años. El matrimonio tuvo cinco hijos. La hermana mayor, María, cayó en 2018 y su muerte agravó el peso que cargó a la más pequeña, Janet. Cuando Janet ya había desaparecido, murió también el hermano más mayor. A las pocas semanas, se supo del triste desenlace que había sufrido Janet. Desde el crimen que cometió supuestamente Aitor, la madre es «una muerta en vida», según describe los dos hijos que le quedan.

El último año de Janet había sido complicado. Había tenido que rechazar un empleo en una empresa de limpieza porque la rigidez de un horario laboral estable le impedía llevar y recoger a sus hijos del colegio y esperar a su hermano y su madre. Vivía con el hermano de quien se encargaba y muy cerca de sus padres, en calle de Catalunya del barrio de Ventas de Viladecans, un vecindario de casas bajas que acogió a la migración andaluza de la década de los 50, 60 y 70 y, luego, la premierera remesa de población marroquí que se mudó a Catalunya a principios de los 80. Janet sobrevivía aceptando cuantos trabajos los salían: del canguro de la hija de Jessica, haciendo masajes a vecinos ‘contracturados’ o limpiando casas. Finalmente, se decidió que también vendía marihuana.

Los últimos días de Janet

La insistencia de la taxía y del abogado Lluís Costa, que defiende a Aitor, en tratar de saber si Janet vendía o no vendía marihuana a lo largo de la sesión de esta mañana ha incomodado a los familiares que seguían la sesión desde el patio de butacas . Taxation Claims to dilucidar si por ese motivo se citó la mañana del 13 de marzo de 2019 con Aitor. El letrado Costa, posiblemente, lo que perseguía era situar a Janet dentro de un mundo más oscuro, más susceptible de ponerla en contacto con otros candidatos a matarla.

No es verdad, según Jésica y su familia, que Janet se moviera por ese territorio de mala vida. De hecho, su amiga ha declarado que en cuanto supo que se commente qu’trapicheaba se presuró a regañarla ya pedirle que lo dejara si era cierto porque eso no iba con ella. «¿Y de qué voy a comer?», recuerda Jésica que respondió a Janet, sin negarlo. Apura económicamente y angustiada por la labor de cuidarlos a todos, Janet se había animado desde hacía poco a tener citas con alguna liga que conocía por Facebook. Era madre de dos niños concebidos en dos relaciones distintas, ambas ya extinguidas. Pero todavía era joven.

Por ello la visita nocturna que se presentó por sorpresa en su casa a las 23.00 horas del 12 de marzo, un día antes de su desaparición, extrañó haber conocido a familiares pero no desapareció ninguna alarma. Era Aitor, el supuesto asesino, quien llamó a la puerta a esa hora. Janet no estaba sola en casa: su sobrino hay otra amiga, martina, han declarado este lunes que vieron a Aitor entrar en el domicilio. Recuerdan que Aitor llamó a Janet ‘Toti’, el apelativo que usaban las personas más cercanas para referirse a ella, aunque ni el sobrino ni Martina lo habían visto antes, ni tampoco Janet les había hablado jamás de él.

Aitor, que llevaba un desgastado chándal, abrazó a Janet y mantuvo otra breve conversación en la que mostró una fotografía de un Mercedes que confirmaba haber comprado su segunda mano a un futbolista. Después se despidió de Janet citándose con ella al día siguiente en su casa de Cornellà.

La desaparición

Janet escuchó el 13 de marzo un la casa de aitor. Según un amigo de Aitor, fue a venderle marihuana. Según su sobrino, a recoger una bomba de agua que Aitor habría herido aprovechando su trabajo en la distribuidora Amazon. Aitor, según la taxía, atacó a Janet con un cuchillo. Después, se deshizo de su cuerpo en un solar. El teléfono móvil de Aitor deshizo su coartada. Además, los Mossos d´Esquadra Encontraron restaurantes biológicos de Janet en su domicilio, que repintó tras el brutal asesinato. La acusación pide 19 años por matarla y por su desaparición, que apareció hasta que unos operarios la encontraron fortuitamente en el solar de El Prat.

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Jésica volvió del trabajo aquel 13 de marzo y se fue a recoger a su hija. Entró en la casa de los padres de Janet y se encontró junto con la pequeña de Janet, que ese día estaba enferma y no había ido a la escuela, en el sofá. La madre de Janet, muy preocupada, le dijo a Jésica que no sabía nada de ella. Janet no había regresado de Cornellà para llevar al médico a la pequeña ni para avisar de que no llegaba a recoger al mayor. Jésica le envió un mensaje rogándole que diera señales de vida. Sabía que tenía motivos para preocuparse porque Janet nunca se había olvidado de sus hijos.

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